Empatía y comprensión, cualidades para ejercer la nutrición

En la Clínica de Nutrición del Hospital Universitario de Puebla (HUP), la nutrióloga Alma Esveidy Muñoz Padilla ofrece todos los días más que alimentos en las dietas que planea, junto con su equipo: imprime, además, el cariño que siente por su trabajo y la satisfacción que le produce ver a los pacientes evolucionar y recuperarse.

Oriunda de Córdova, Veracruz, se trasladó a Puebla para estudiar la Licenciatura en Nutrición porque siempre quiso una profesión relacionada con la Medicina: “Cuando conocí la carrera me llamó mucho la atención porque se trabaja con la prevención, ya que si llevas una buena alimentación puedes reducir riesgos en tu salud”.

Mientras cursaba sus estudios de pregrado, Alma Esveidy Muñoz Padilla supo que la nutrición no sólo se trata de prevención, sino también de la correcta alimentación para apoyar el tratamiento o mejora de la salud de una persona que ya presenta una patología.

En el Hospital Universitario tiene casi tres años de antigüedad, tiempo en el que ha logrado ascender a coordinadora de la Clínica de Nutrición. Entre sus funciones están justamente organizar a su equipo, así como la valoración de pacientes para determinar su estado nutricio y estipular qué tipo de restricciones tienen para que a partir de esto se elabore un plan de alimentación adecuado, porque una correcta alimentación también cura y eleva el ánimo.

Actualmente coordina a 11 personas, en su mayoría nutriólogos, quienes realizan las valoraciones y establecen planes de alimentación, pero también a los pasantes y técnicos, estos últimos encargados de ensamblar las dietas, llevarlas a piso y dárselas a los pacientes.

En su actividad diaria, el diálogo y la colaboración con su gente, así como con el personal de otras áreas, es fundamental, pues elaboran en promedio 80 tipos de dietas para atender las necesidades de cada paciente. De igual forma, participa en el servicio de comedor para el personal médico y residente, donde ofrecen en promedio 300 dietas diarias, distribuidas en tres tiempos (desayuno, comida y cena).

Bajo su cargo también están las tomas enterales para los pacientes que tienen indicada alimentación por sonda: “Hacemos dietas poliméricas, también preparamos las leches para los recién nacidos. Todo esto se hace a través de cuatro nutriólogos adscritos. El trabajo que realizamos en general es muy importante, porque el paciente debe estar muy bien nutrido, de lo contrario su estancia en el hospital se alarga”.

En el trato con los médicos, las enfermeras, pero sobre todo con los pacientes, la nutrióloga Muñoz Padilla ha comprendido más que nunca la importancia de la empatía y la que se requiere para escuchar y tratar a un niño o a un adulto que atraviesan por una situación de salud difícil. Son retos que día a día enfrenta.

“Tratamos con todo tipo de pacientes y de cualquier rango de edad, por eso se necesitan ciertas cualidades, como la empatía y la sensibilidad para abordarlos, pues es necesario indagar cómo es el tipo de alimentación que comúnmente llevan, si tienen familiares que los cuiden, quién les suele preparar sus alimentos y, sobre todo, cómo se sienten antes y después del padecimiento; en general buscamos conocerlos, así como a sus hábitos en muchos sentidos”.

En esa labor, la nutrióloga Alma Muñoz reconoce que hay pacientes que son muy cooperativos y aceptan las restricciones que a veces les ponen en su alimentación, hay quien agradece las explicaciones que dan, pero también hay otros que no reaccionan muy bien; sin embargo, al final lo importante es ayudarlos.

“Con los pacientes se van creando vínculos, más que nada por su estancia en el hospital que a veces no es breve, a lo mejor llegaron desnutridos o muy mal de salud, a veces se quedan meses internados, entonces ver cómo progresan es muy satisfactorio, porque hay pacientes que lamentablemente no lo logran, pero hay quienes sí. Saber que apoyaste de alguna forma a que su salud mejorara y verlos cómo egresan recuperados, eso es muy satisfactorio”.

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